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La fiesta de Valerosa Milimétrica
 

Estimado Carr:

En el día de mi cumpleaños te escribo con entusiasmo y alegría.

Soy pequeña, pero al menos comprendo que la vida es hermosa.
Porque comprendo que la vida es un maravilloso don que mi madre os brindó, ahora podré comprender lo que mi alma se cuestiona con frecuencia al observar mis alrededores: ¿Cuál es el propósito de la vida?

Mi madre me dijo que quien ignora el significado del don de la vida, su carácter adolece de falta de madurez. Para comprender el propósito de la vida, inicié entonces por buscar primero, dentro de mí, el propio significado del don de la vida.

Soy pequeña, pero soy un alma minúscula con madurez milimétrica después de haber encontrado la paz y la felicidad en el propio significado del don de la vida.

Hoy, te comparto que el propósito de la vida es el ejercicio digno de la voluntad como acto continuo de la gratitud. Aprender de las lecciones que el don de vida nos ofrece, es merecer la infinita humildad y sabiduría que se requiere para dar gracias al final de nuestros días. ¡Gracias!, mi alma gritará cuando el don de vida que se me concedió llegue a su final.

Soy pequeña, pero entiendo que todo lo tengo siempre lo recibo sin condición alguna. Desde el amor hasta el aliento para cumplir mi sueño de vender helados y cuidar millones de cachorritos. El don de vida que mi madre me concedió, yo a ella se lo agradezco cada día acumulando lecciones y experiencias que permiten aprender y madurar para siempre vivir en gracia ofreciendo lo mejor de mí.

Soy una niña pequeña, pero gracias al amor de mi madre y de todas las personas que me aman, yo vivo el don de vida haciendo buen uso de mi voluntad, mediante la creatividad, para cumplir el propósito de mi vida: un acto de gratitud al final.

Gracias Carr por ser mi amigo gigante.

Valerosa Milimétrica.

   
   
   

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